Así comenzó Hamalú.

Soy Rocío, mamá, educadora social y la persona que está detrás de Hamalú.

Si hay algo que siempre ha despertado mi curiosidad son las personas: sus historias, su forma de sentir, de vivir y de mirar el mundo. Desde muy joven entendí que cada persona guarda algo único, algo que no puede repetirse. Quizá por eso siempre he sentido una gran admiración por aquello que nos hace diferentes.

Creo que esa forma de mirar a los demás tiene mucho que ver con mi familia. Desde siempre me han enseñado el valor de querer, cuidar y estar para las personas que queremos. A tender una mano, acompañar y no mirar hacia otro lado cuando alguien necesita ayuda.

Desde hace años trabajo como preparadora laboral en Fundación Capacis, acompañando a jóvenes con discapacidad intelectual en un momento muy importante de sus vidas: encontrar un empleo y ganar autonomía.

Ellos, mis “Ediciones Limitadas”, me han enseñado que no hay dos personas iguales y que muchas veces aquello que nos hace diferentes es precisamente lo que nos hace especiales. Me han enseñado a mirar más allá de las diferencias, a confiar en las capacidades de cada persona y a entender lo importante que es sentirse capaz, valorado y acompañado.

Y, aunque entonces aún no lo sabía, esa forma de entender a las personas acabaría encontrando también su lugar en mi propia historia.

Hace tres años llegó mi hija y, con ella, una nueva manera de mirar la vida. La maternidad me enseñó a disfrutar de los pequeños momentos, a guardar los recuerdos que construimos casi sin darnos cuenta y a valorar todavía más a las personas que hacen que nuestra vida tenga sentido.

Pero entre la rutina, las responsabilidades y las prisas, también sentí que necesitaba parar. Encontrar un espacio para respirar, bajar el ritmo y volver a conectar conmigo.

Fue entonces cuando apareció la arcilla.

Lo que empezó como una curiosidad terminó convirtiéndose en un pequeño refugio. Crear con las manos me permitía desconectar, disfrutar del proceso y encontrar esos momentos de calma que necesitaba.

Y poco a poco entendí que todo estaba conectado: lo que aprendí de mi familia, todo lo que mis Ediciones Limitadas me habían enseñado, la maternidad y esa necesidad de crear un espacio propio.

De ahí empezó a nacer Hamalú.

Y cuando llegó el momento de ponerle nombre, supe que también tenía que contar esa historia:

Hamalú nació para recordar algo que nunca quiero olvidar:

que todos dejamos huella en alguien y que, muchas veces, aquello que nos hace diferentes es precisamente lo que nos hace especiales.

Gracias por estar aquí y por formar parte de esta historia.

Rocío F.F